¿Quién ha dicho que tenemos a los dirigentes que nos merecemos?

 

Cotonou, la capitale économique du Bénin.

 

¿Hay que compadecer a África? La respuesta a esta pregunta es, sin lugar a dudas y sin ambages, no. No deberíamos compadecer a un continente que posee la mayor parte de los recursos mineralógicos de la tierra. ¿Hay acaso que compadecer a los africanos? La respuesta a esta pregunta también es, sin lugar a dudas y sin ambages, no. No deberíamos compadecer a unos pueblos cuya población es mayoritariamente joven y rica, tanto por su diversidad como por sus competencias. En verdad tenemos el continente que nos merecemos, el país que nos merecemos, la situación que nos merecemos, al igual que tenemos a los dirigentes que nos merecemos. Y África bien se merece que reflexionemos tanto sobre este tema como sobre sus dirigentes.

 

Ninguna inversión, sea financiera, material o humana, por muy grande que sea, salvará a África de su ignominia mientras dicha inversión no la realicen los propios africanos. Y no son las ayudas supuestamente al desarrollo de África o de los africanos las que van a cambiar en algo la situación del continente africano o de los africanos. Aún menos ciertas acciones dispersas de algunas ONG y organismos internacionales. O peor aún, acciones aisladas de individuos que desembarcan en África cargados de grandes teorías y pretensiones, o de grandes sueños que consisten en querer salvar a los africanos para, en definitiva, limpiar sus conciencias. ¡Incluso salvarse!

 

Nadie debe ni puede salvar a los africanos, sino ellos mismos. A los africanos y sólo a ellos les corresponde encontrar por sus propios medios el camino para su emancipación y desarrollo. Y bajo esta perspectiva, el primer paso consiste sobre todo en poder elegir libremente sus instituciones y a sus dirigentes.

 

Es un secreto a voces que la mayor parte de lo que podríamos calificar hoy en día en África de una forma pudorosa y ostentosa como democracias, son “democracias corrompidas”. Como una fruta donde se encuentran ya desde un principio los gusanos. Hay pocas excepciones. Estas supuestas democracias están efectivamente corrompidas, ya que los propios procedimientos que han conducido a su nacimiento han sido infectados desde el principio. ¡Lamentablemente!

 

En este periodo especialmente cargado de elecciones en África, hay que subrayar desgraciadamente que esta corrupción, sin embargo prohibida oficialmente por la ley y desacreditada en muchos casos con gran apoyo mediático, es la que goza de una buena situación. Y la que pública y abiertamente es adorada más que a cualquier divinidad, incluso llevada al rango de valor electoral absoluto. Como si se tratase del CAC 40, del Dow Jones o del Nasdaq en el mercado bursátil de Londres, París, Tokio o Nueva York.

 

Frente a un puñado de arroz y dinero contante y sonante, algunos electores se dejan también engañar fácilmente en lo que a sus derechos políticos se refiere sobre el futuro de su país, su propio futuro y el de sus generaciones futuras. Son, por ello, tratados no como hombres capaces de reflexionar y discernir, sino simplemente como hombres de segunda categoría y esclavos de los tiempos modernos. En cuanto a sus corruptores, que no escatiman medios, no merecen en absoluto ningún otro calificativo que no sea el de negreros de los tiempos modernos.

 

Puesto que, si nos fijamos bien, los que se comportan de este modo con la población de la que supuestamente quieren defender sus intereses son mucho peor que los negreros de la tristemente célebre época de esclavitud que África vivió en el pasado. Y estos logros que se ha acordado en llamar en lo sucesivo la “trata de los electores” en África, no sólo son ventajosos para los políticos. También hay electores que, contrariamente a los esclavos del comercio triangular, son víctimas consentidoras y no víctimas expiatorias, queramos o no.

 

Y en estas condiciones, nada de quejarse después cuando los gobiernos o los dirigentes son incompetentes o están corrompidos, o las instituciones de estas “democracias corruptas” no funcionan. Tenemos el continente que merecemos, tenemos el país que merecemos, tenemos la situación que merecemos, como tenemos a los dirigentes que merecemos. La frase proverbial según la cual “tenemos a los dirigentes que merecemos” es tan antigua como cierta. ¡Que nos demos por enterados! Y que nos acordemos siempre de ello antes de votar.

 

Marcus Boni Teiga

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